
Domingo 18
“Era cansado, pero nunca volví a sentir aquella felicidad al caer la tarde”. Fue esa frase. Fue el silencio y la sonrisa de C. Su infancia en los olivos con su padre y su hermana traída de repente en medio del bar. Eso adentro de sus ojos que yo quería entender. La luz repentina de aquella infancia puesta de pie entre nosotras y las copas de vino. Allí estaban, bailando en el rojo centelleante: los olivos y el aire de diciembre, pero es otro diciembre, cincuenta años atrás. Quiero ser esa niña, pensé, y ahí empezó todo.
Siempre empieza así. Un golpe. Eso que te hace volver la mirada una y otra vez y no sabes qué es. El ansioso deseo de ser otra.
Un comienzo: el padre y dos hijas en el silencio del olivar.
Lunes 19
Fui con una libreta y pedí un chocolate. Ella una copa de vino. Me contó retazos de su infancia, yo preguntaba, escribía, veía caer las aceitunas mientras escuchaba el silencio lleno de golpeteos y de pájaros, de hojas removidas en medio del Café del Art de Madrid. Tenía las mejillas coloradas de frío. La taza de chocolate ardía en mis manos. ¿Y hablabais? ¿A qué olía el aire? ¿Cómo colocabais el fardo? ¿Se os helaban los dedos? C. hablaba y miraba a veces sus manos grandes, de agricultora, manos hermosas, camino de la vejez. Empezar un libro con los recuerdos de C. Robar una vida. Ser la niña que nunca fui. Y esa luz en el estómago de lo que ha de traer la palabra.
Martes 20
Escribo: “Papá saltó del olivo y apoyó la vara contra el fardo repleto de aceitunas. Yo levanté la cabeza”.
Repaso, tacho, busco el ritmo. Comienzo de nuevo.
“Papá apoyó la vara contra el fardo repleto de aceitunas. Yo levanté la cabeza”.
“Papá saltó del olivo entre las aceitunas. Yo levanté la cabeza”.
“Papá bajó del olivo y yo levanté la cabeza”.
Esa sencillez y el silencio que rodea la frase me empujan. En las siguientes palabras, que saltan desde dentro de esos silencios, voy descubriendo a la niña:
“A los ojos de todos yo era mala, pero cuando mi hermana y yo recogíamos aceitunas con él, los tres éramos iguales ante Dios”.
Palabras: 1203
Miércoles 21
Pasó un ángel. No por la habitación donde escribo. No por la ventana que da al cielo y al tejado de enfrente con las tejas rotas y los obreros que hacen equilibrios sobre ellas. Hoy han empezado a arreglarlo. Y puede que sí, que con ellos también haya un ángel en el tejado, pero este, el mío, ha cruzado el olivar. ¿Qué hago yo ahora con un ángel? ¿Para qué sirve? Debo escribir para entenderlo.
Veo fotos, vídeos de olivares, artículos. Cierro los ojos, huelo el campo y la mañana fría.
Guardo el archivo como Ángel.odt.
Palabras: 1341
Jueves 22
Releo lo escrito. Me gusta el ritmo, siento el campo en las manos frías. Pregunto a la IA; ella responde: «…arrancar las aceitunas que quedan en las ramas es el “ordeño”. Recoger las que han caído fuera de la manta es el “repaso”». Telefoneo a C. No es verdad, me dice. No lo llamábamos así.
Escribo.
Necesito volver a quedar con ella. Apunto todas las preguntas. Consulto a la IA, como a un viejo sabio mentiroso. Mido sus respuestas. La madre llega al olivar. No, dice C., mi madre nunca venía, estaba lejos. Tacho, lo cambio. Son tus recuerdos, pero no es tu vida, es ficción, le aclaro. La niña no eres tú, no soy yo, pero también somos las dos.
¿Y si el ángel fuera un hermano muerto, Curro, por ejemplo?
Palabras: 1064
Viernes 23
No, el ángel no es su hermano, acabo de saberlo. Hay ángeles en el olivar. Este es pequeño y desastrado, todos le riñen por eso, también la niña es así, sonríen. Sonrío. El ángel se parece a ella.
¿Y cómo es el padre? Un hombre sabio. Su silencio es la voz del mundo.
Llueve, los obreros no suben al tejado. Releo, corrijo. Tacho.
Aparece Franco en la historia, un año antes de morir. ¿Cómo se vivió su muerte en un pueblo nacional de campesinos en Andalucía? Voy despacio, con tiento.
Palabras: 520
Sábado 24 y domingo 25
Leo Mañana matarán a Daniel.
Leo La noche que mataron a Franco.
Lunes 26
Archivo Ángel2.odt.
Tacho y escribo. Consulto a la IA. Necesito hablar con C. Hay un ángel negro en el tejado, es un obrero. Se ata con cuerdas, menos mal. Yo debo atarme también, estoy entrando en un terreno peligroso. ¿Hay rencores en un pueblo andaluz al final de la dictadura?
Palabras: 903
Martes 27/Miércoles 28/Jueves 29/viernes 30
Releo, escribo, corrijo. Cada mañana, cinco horas. Veo los programas que echaban en la televisión en diciembre de 1975. Busco en YouTube las reflexiones religiosas con las que acaba la programación. Leo sobre conflictos durante la guerra en esos pueblos andaluces. Me seduce el tema. Asumo los riesgos. Moros, rojos, religión. Estoy deslizándome por el tejado, las tejas están rotas y no llevo cuerdas. Aparece Ezequiel en la hoja, ¿quién es ese muchacho?
Total de palabras: 9878 (Poco más de mil palabras diarias)
Viernes 30 tarde
Quedamos en el Café del Art. C. me escucha, entorna los ojos, se lleva la copa de vino a los labios mientras sacude la cabeza. La conozco lo suficiente para saber que está enfadada. «No quiero que mezcles mis recuerdos con la política. Los únicos rencores de mi pueblo se debían a problemas de lindes, al pesaje de la cosecha en la almazara, a si los marranos se morían de frío en diciembre».
Sábado 31 y domingo 1
Imprimo las 9881 palabras. En el papel, «negro sobre blanco, no rigen las mismas leyes», dice un poema de Szymborska. Otro verso: «Contra mi voluntad no caerá la hoja». Tengo que imponer la voluntad de C. Empezar de nuevo respetando su deseo. Tal vez más adelante escriba ese libro sobre el final de la dictadura.
Nuevo documento: Ángel3.odt.
“Papá bajó del olivo y yo levanté la cabeza…”
Alegría de escribir se titula el poema de Szymborska. Pero a veces…
Releo El río, de Ana María Matute. Puerto libre, de Ana Romero.
Leo El hielo de los suyos.
Lunes 2
Miguel Delibes aseguraba que una novela es un hombre, un paisaje y una pasión. Francisco Umbral la resume como el personaje, el conflicto y la tierra.
Lo borro todo menos el paisaje: la línea oscura de los olivos, el padre y las dos niñas recogiendo aceitunas. El rey que busca al hombre más feliz del mundo para ponerse su camisa. La escarcha en los dedos.
He tachado 4928 palabras.
Martes 3
Ha dejado de llover. Hace sol y viento frío. Como un rayo me llegó la revelación: «yo amaba a ese niño». Pero no es Ezequiel, vino en la furgoneta de Magdalenas el Zángano. Eso me cuenta C. Ella se enamoró de él en cuanto lo vio bajar del vehículo. El sol le daba de frente en sus ojos azules y ella cayó dentro de esos ojos. Él viene de Barcelona, C. no ha salido del pueblo. Y están las manos del padre: dos raíces. Tierra que conoce la vida y la muerte. Materia de literatura.
¿Cuál es el conflicto?
Hilvano paisajes. A lo lejos se escucha el sonido de la furgoneta.
Palabras: 613
Miércoles 4
Me he levantado con un poema de May Sarton en los labios: No dejes venir ningún viento se titula. La novela no avanza. Dice May «…solamente un ala de polilla sobre el hueso/solamente un corazón de polilla que latía / en el centro», y se refiere al amor o al viento o qué sé yo. Y no, no era el amor, pero no era menos importante, dice también. Corazón, ala y centro. ¿Tiene mi libro esas tres verdades?
Soy una polilla abrasándose a la luz.
Escribo y tacho, escribo, vuelvo a los olivos y los golpeo, quiero arrancarles alguna verdad.
Palabras escritas: 1771
Jueves 5
Ha amanecido lloviendo. El agua golpea con fuerza los cristales. Solo cuando cesa la lluvia los obreros de la casa de enfrente suben al tejado. Se cuelgan de cuerdas para arreglar la cubierta, las cerchas, los faldones; asumen riesgos. También escribir es colgarse, picar, colocar una teja, otra. Asumir riesgos, escuchar a los personajes. Ahora siento un leve levísimo movimiento de marea. La ola en la mente de Virginia Woolf. Todo es una cuestión de estilo. El ritmo, el ritmo, el ritmo. Dejarse llevar por esa ola que trae la palabra siguiente. ¿Y si no la trae?
Palabras escritas hoy: borradas, borradas.
Viernes 6
Leo, releo, corrijo. Escribo como si fuera sobre un caballo sin bridas. A galopar, a galopar. «Nadie es la muerte si va en tu montura». La montura es el texto. No debo apretarle las cinchas, corro el riesgo de que se detenga. Tampoco espolearlo demasiado porque se desbocaría. El caballo es el inconsciente. Me lleva, lo amarro. Releo y borro. ¿Dónde está la tierra?
Palabras escritas: 625
Sábado 7 y domingo 8
Leo Cronofobia. Leo La teoría de las niñas. Observo la lluvia. Hablo con C.
Releo Los caminos de la Luna. Y El río. Siempre El río. Nadie habla del campo como la Matute.
Lunes 9
Escribir y tachar. «Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas…»
¿Bastan el amor, las olivas, el ángel? ¿Qué otra pasión atraviesa a los personajes?
He tachado 2904 palabras.
Pongo el título: El ángel del olivar
Lunes 9-jueves 12
Viajo a Valladolid, a Oviedo. Hoteles y encuentros en colegios. Leo. Abro el ordenador en el tren, sobre la cama del hotel, de noche. Corrijo cosas. Pienso. Pregunto a la IA: «¿Cómo son las hojas de un sauce llorón? ¿Qué variedades existen de naranjos de invierno? Partes de una almazara». Me equivoco y escribo “almaxara”. La IA me dice: “Aunque hoy se usa más almazara, almaxara aparece en textos antiguos y se usa en algunas regiones andaluzas”. Me río. Miente con tal de no llevarme la contraria.
Viernes 13
Escribo sobre fantasmas. El ángel y la niña los miran con ojos grandes. Abren una granada con las manos. El rojo inunda el papel. Palabras: 1220
Sábado 14 y domingo 15
Viajo a Málaga para ayudar a una amiga a hacer un traslado. No está en un buen momento y es difícil. No pienso en la novela, salvo cuando, al descansar, por la tarde, mis ojos recorren el horizonte del mar. Hay un viento frío. Hablamos de los desencuentros de la vida. Del desencanto.
Lunes 16
Málaga me ha dejado exhausta. Miro el tejado de enfrente. No se ven los progresos, hay material de obra, cuerdas amarradas a una barandilla que cruza las tejas de cumbrera. La fachada está cubierta con una red verde. También mi texto tiene las costuras al aire, las herramientas dispersas, la red que oculta la trama y no me deja ver.
Martes 17
Llueve, llueve dentro del libro y también ahí fuera sobre los obreros. Observo perezosa sus trabajos colgados del tejado, bien amarrados a unas cuerdas. Y de pronto lo veo, allí, con ellos o sobre ellos o dentro de mí. Está en los ojos del padre que tropiezan con la niña, de noche, después de la misa de gallo. Y hay algo oscuro o triste allí dentro y todo se silencia alrededor. Sé que en esa mirada está el conflicto. Sigue lloviendo dentro y fuera. Las aceitunas caen al barro.
Es por la tarde cuando comprendo lo que pasa: el mal tiempo obliga al padre a emigrar.
Palabras: 1102
Miércoles 18, jueves 19, viernes 20
Todo cobra sentido. 1223 palabras-1244 palabras-1145 palabras…
Sábado 21 y domingo 22
Paseo con Poe mientras recito poemas. Busco un trébol de cuatro hojas. Aprender a mirar y no desistir, la tarde loca de higueras y de rumores calientes. Sol de invierno. Por la tarde teatro. La última noche con mi hermano.
Lunes 23, martes 24, miércoles 25
Viajo a Murcia. Corre el país por la ventanilla del tren. Encuentros con lectores. Releo y corrijo. Leo En las manos, el paraíso. Leo Octópolis. Busco en youtube vídeos de agricultura. Paisajes del sur. La niña viene y va. El ángel la mira desde lo alto de un olivo. Desde allí también yo la veo.
Palabras: 886
Jueves 26
Ya en casa con mi rutina. Los obreros pintan el voladizo, la fachada, los marcos de las ventanas. La enorme antena metálica se clava en el cielo frío y azul. La furgoneta El Zanganillo parte de regreso a Barcelona. El ángel, el cabritillo y la niña lo ven alejarse entre los olivares.
El caballo trota, se detiene, pero conoce el camino.
Palabras: 1192
Viernes 27
La obra del tejado ha finalizado. La fachada está pintada, las tejas en su sitio. Aún cuelga la red verde sobre la mitad del edificio. Echo de menos a los obreros en el tejado. Escribo. También el padre debe marchar. La ola estalla y me trae las palabras. En verano regresan los melocotones y las golondrinas.
Palabras: 1509
Sábado 28 y domingo 1
Corrijo. Voy al teatro: Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva.
Lunes 2
Releo, corrijo, borro. Tecleo el final con lentitud.
Entonces volví la vista y lo vi allí, en lo alto de una copa, tan desastrado como siempre. Sonreía. El ángel del olivar me hizo una seña y corrí hacia el árbol para escalar el tronco y sentarme junto a él. Una brisa nos sacudió las ropas y sonreímos. Al borde del camino el príncipe triste nos miraba con envidia.
Palabras: 937
Mi entusiasmo crece. Y, sin embargo, sé que no es el final. Comienza un camino de relecturas, de miradas ajenas, de correcciones. De descanso para que la distancia me diga qué es lo que quise escribir.
Se lo mando a Gonzalo, a Gabi, a Javi.
Pienso en el poema de Szymborska,
Alegría de escribir.
Poder de eternizar.
Venganza de una mano mortal.
C. espera el resultado.
¿Y si lo paso a tercera persona?
GRÁFICAS SOBRE EL PROCESO DE ESCRITURA DEL PRIMER BORRADOR DEL “EL ÁNGEL DEL OLIVAR”







Ilustraciones de: Alejandra Fernández •Edición: Beatriz Sanjuán · Freddy Gonçalves
«Este proyecto ha recibido una ayuda del Ministerio de Cultura y Deporte a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura»



