
La historia de la humanidad, desde su aparición en este planeta, está atravesada por migraciones, desplazamientos, ocupaciones y situaciones de enfrentamiento, ya sea por territorios de caza, por el hambre, por la conquista de la naturaleza o por codicia. Se calcula que la humanidad avanzó ocupando 27 km por generación, arrasando con lo que hubiera y dejando plasmada su existencia a través del arte en diversas manifestaciones. Eso explicaría el continuum, a través del tiempo, de historias transversales en diferentes culturas milenarias (Paleolítico), mucho antes de la globalización: el diluvio universal (que aparece en más de una decena de culturas que nunca se contactaron), las escaleras al cielo (Babel, pirámides, Las habichuelas mágicas, etc.). Fuimos caminando y poblando el planeta: contendiendo, pero también contando historias.
La pregunta filosófica que nos haríamos, quizás, es: ¿nacimos belicosos? ¿Nunca fuimos pacíficos? Desde reflexiones ligeras, podríamos acordar con las religiones que, en general, consideran que venimos incompletos y que, a causa del mal uso de nuestro libre albedrío, necesitamos completarnos con las bondades de los dioses. El marxismo, en cambio, sostiene que llegamos llenos de bondad y que es la sociedad capitalista la que nos estropea. Los naturalistas y la propia antropología nos hablan de cómo, durante la evolución y por instinto de supervivencia (Freud diría «pulsión de vida»), fuimos demarcando nuestras capacidades defensivas, las ofensivas y las de resiliencia (ese mecanismo que nos permite reinventarnos desde nuestros propios duelos existenciales). ¿Y los niños? Pues venían creciendo o sobreviviendo en ese contexto.
Probablemente, una combinación de estas ideas podría ser un puntapié para pensar en cómo, ya en el siglo XX, luego de dos guerras mundiales, las sociedades humanas organizadas en naciones empezaron a soñar con un mundo de paz.
Esa palabra tan bella, casi sagrada: paz (tranquilidad, armonía, conciliación, amistad, entendimiento)… todas esas expresiones que bien reflejan el estado de lectura en que caemos cuando nos compenetramos en una historia, ¿no?
Sin embargo, ya en el siglo XXI, luego de la brutal pandemia de COVID-19 que dejó a diez millones de niños y niñas huérfanos[1], en los últimos dos años potencias belicistas han generado nuevos conflictos bélicos a gran escala que se transmiten en vivo y en directo por todas las pantallas que llegan a nuestros pequeños.
¿La paz se aprende? ¿La literatura tiene acaso fines didácticos? No. Claro que no. La literatura infantil (que también leen los niños) es arte. Y el arte, lo que sí hace, es dar una vuelta de tuerca a la realidad: es disruptivo y, desde allí, incita a disfrutar, emocionarse, sensibilizarse y conmoverse. Ya sea «con final feliz o no», moviliza y nos asocia a todas aquellas palabras emparentadas con la paz (concordia, entendimiento…) que inciden empáticamente en nuestra armonía interna, esa que luego se expande a quienes nos rodean.
Es en la intimidad con esas sensaciones donde decidimos qué sentir y pensar. Así, por ejemplo, frente al Guernica de Picasso, que muestra la tragedia de la guerra en ese pueblo, el impacto de fruición que genera nos remite inmediatamente al valor de la paz, a desarrollar empatía y resiliencia, a pensar en recuperarnos ante la adversidad. (¡Ah!… como Pinocho, como Pulgarcito, como Hansel y Gretel, o Itoj de la mitología wichí[2]). La literatura infantil y juvenil está plagada de personajes y situaciones resilientes, y como dijo G. K. Chesterton: «Los cuentos de hadas son más que reales; no porque les enseñen a los niños que existen los dragones, sino porque les dicen que se puede derrotarlos».
Varias autoras latinoamericanas han incursionado en estas temáticas. Hablaremos aquí de cinco reconocidas creadoras, tomando como referencia tan solo una de sus obras:

Walsh fue escritora, cantautora, dramaturga y compositora argentina (Villa Sarmiento, 1930 / Buenos Aires, 2011). Hoy su casa es un museo interactivo en su honor.
Estudió Bellas Artes y a los 19 años publicó su primer poemario por el cual autores como Borges y Juan Ramón Jiménez la reconocieron como un talento que revolucionaría el establishment cultural de la época. Sus textos desacartonados, feministas y disruptivos marcaron un antes y un después en la literatura para las infancias latinoamericanas.
El tema de la paz está presente en gran parte de su obra, icónica en la cultura argentina: Canción de cuna para un gobernante, Como la cigarra, Postal de guerra.

En Canción del estornudo, y tomando como intertexto la canción popular Mambrú se fue a la guerra, invita a las infancias —desde el humor y el absurdo— a espiar la temática de la paz. La última estrofa es una trascendente metáfora. Este poema forma parte del libro Canciones para mirar (Alfaguara), que inicialmente fue un espectáculo musical muy exitoso en los años sesenta y setenta. La vigencia de este material sigue recreándose y reimprimiéndose en Sudamérica.
Las ilustraciones pertenecen a Perica, seudónimo de la artista plástica y guionista Silvia Jacoboni, nacida en San Nicolás, provincia de Buenos Aires, quien además ha ilustrado para SM y en Historietas por la identidad, mostrando una especial sensibilidad en el uso lúdico de colores vibrantes y en el delineado que da movimiento a los personajes creados.
Humor en la canción poética, servido en bandeja para hablar de la importancia de la vida.

Ferrada nació en Temuco, en 1977. Estudió Comunicación Social, Lingüística y cultura asiática. Ha escrito guiones para cortometrajes y obras de teatro, y ha publicado más de medio centenar de libros LIJ, entre los que se destacan Mexique y El idioma secreto.
Niños[4] es un libro de prosa poética, lúdico y celebratorio, con 34 entradas, cada una de ellas con el nombre de un niño o una niña (desde 1 mes hasta 13 años de vida) asesinados durante la dictadura de Pinochet en Chile (1973-1990), en el que aborda este genocidio con poesía, delicadeza y profundidad.
Así aparecen, por ejemplo, Alejandra, ejecutada al mes de vida:
«Por primera vez la verá llegar. Su madre la hace dormir con una canción en la que le cuenta que vendrán las flores. Una canción de cuna que dice que vendrán los pájaros y que el sol será un pequeño abrigo. Por primera vez, la primavera»
Y Rafael, seis años:
«Hoy ha decidido buscar los siete parecidos entre el sol y una naranja.
Tardó una hora en descubrirlos. Y se fue caminando con la naranja brillando en el bolsillo»
Niños recibió muchas distinciones[5], sobre todo en esta edición ilustrada realizada por María Elena Valdez (nacida en Caracas y residente en Barcelona).
En la tapa y contratapa de este volumen aparecen las individualidades de estos posibles rostros infantiles y, por dentro, cada relato tiene su propio diseño ensoñador (a lápiz), tan poético como el texto: «Para ilustrar este libro tuve que considerar más detenidamente el uso adecuado de mis herramientas como artista, para no solo comunicarme de una manera cautivadora, sino también ser respetuosa y delicada».
Tragedia hecha poesía como manera de sublimar memoria y empatía hacia la vida del prójimo: antesala de cualquier pensamiento para una cultura de paz.


Es la autora integral del libro álbum De noche en la calle[6]. Ilustradora, escritora y diseñadora gráfica (Belo Horizonte, 1945-2017).
Desde su portada, el álbum sitúa las noches que transita un niño que vive en la calle, bajo las luces de la ciudad nocturna, los semáforos y el tránsito de vehículos y transeúntes, mientras intenta vender algo parecido a unas pelotas.
No hay ni una sola palabra escrita: solo la imagen da cuenta de esta historia de indiferencia social frente a la infancia desfavorecida, que podría dialogar intertextualmente con La fosforerita, de Andersen. La indolencia frente al dolor ajeno aparece como violencia simbólica: un modo velado de hostilidad.
Los colores amarillo, rojo y verde, cual semáforos de alerta, predominan en el relato; también los azules y blancos, con menos intensidad.

El niño hambriento que se acerca a los vehículos a tratar de vender lo que ofrece. Siempre hay autos, en todas las imágenes; quienes conducen tienen miradas y narices afiladas, se muestran desconfiados, aprensivos y hasta agresivos con ese pequeño. Una mujer, al verlo por la ventanilla, se aferra a su bolso; en otra escena, el niño ve cómo amamantan a un bebé y siente añoranza.

Solo un perro callejero lo mira a los ojos frente a la humana indiferencia, que come en restaurantes jocosamente.
Desde un auto, una mujer arrebata al niño lo que ofrece, y lo toma como una broma; sin embargo, acusan de ladrón al niño al verlo correr cargando una caja, que luego se revela como la mercadería que vende. Doble vara para evaluar una misma realidad.

Un libro álbum que aborda un tema invisibilizado: la situación límite que viven tantos niños y niñas en la pobreza. El rostro del personaje es verde —color esperanza— y representa a muchos otros, sin discriminación. Así, desde el arte, puede remitir a situaciones similares con infancias forzadas a migrar, refugiadas, en familias drogodependientes o en guerras impiadosas. Literatura e imagen encienden diversas maneras de interpelar la paz social en escenarios altamente polarizados.
Reflexiones finales en torno a la circulación de estos bienes culturales
«Escribo porque no tengo respuestas», dice la poeta María Ángeles Pérez López. Podríamos pensar que leemos para tratar de indagar posibles versiones. El tema es que solo leemos lo que el mercado hace circular.
La LIJ producida en Latinoamérica (LA) es vasta y revela signos propios de identidad, aunque su circulación por el mundo hispanohablante está bastante fragmentada.
Incluso, la circulación de la literatura infantil y juvenil iberoamericana no es fluida en la propia LA. La acotada circulación de estos bienes culturales es elocuente: editoriales internacionales que editan en casi todos los países escasamente trasladan títulos de una nación a otra; autores y ediciones regionales permanecen desconectados de países limítrofes, lo cual desfavorece la socialización del conocimiento de buenísimas obras. En cualquier ciudad argentina, por ejemplo, es mucho más sencillo conseguir un libro europeo que hallar uno paraguayo o uno panameño.
El primer paso para llegar a la paz es caminar juntos hacia ella, mano a mano; pero tomarse de las manos implica el maravilloso y generoso gesto de conocernos primero. Es imperioso brindar las mejores posibilidades de circulación a la LIJ para que nuestras infancias vivencien la diversidad cultural como hermanamiento respetuoso y enriquecedor, y no como un posible enemigo desconocido.
Paz, arte y palabras para hallar nuevas respuestas.
Referencias:
[1] (Según investigación de la revista médica The Lancet acerca de las “Estimaciones mínimas mundiales de niños afectados por la orfandad asociada al COVID-19”) https://www.telam.com.ar/notas/202202/584578-coronavirus-ninios-padres-fallecidos.html
[2] Pueblo originario de Sudamérica, prehispánico.
[3] Puede escucharse y leerse completo en
https://www.youtube-nocookie.com/embed/VpShK8yZVuo?rel=0&autoplay=0&showinfo=0&enablejsapi=0
y en https://www.flashlyrics.com/lyrics/maria-elena-walsh/cancion-del-estornudo-67
[4] Niños ha sido publicado en varios países: Chile, Liberalia Ediciones y luego por Grafito Ed. En Estados Unidos, Eerdmans for Young Readers. En México, Alboroto Ediciones y Ediciones Castillo. En Brasil, Pallas Ediciones. Italia, Edicola Ediciones.
[5] El Premio Academia Chilena de la Lengua para el mejor libro de literatura infantil el año 2013. Seleccionado NAMI CONCOURS 2020. mención honorífica Premio Américas; seleccionado Premio Paterson de Libros para Jóvenes; Premio Medalla Colibrí 2021 IBBY Chile. finalista en la categoría Libro infantil ficción de los Premis Junceda 2021. mención especial Poesía Bologna Ragazzi 2021.
[6] Guion e ilustraciones de Angela Lago. Caracas, Ediciones Ekaré, 1999. Colección Libros de Todo el Mundo. Publicado también en Brasil, México, Francia y Estados Unidos.


Ilustraciones de: Alejandra Fernández • Edición: Beatriz Sanjuán · Freddy Gonçalves
«Este proyecto ha recibido una ayuda del Ministerio de Cultura y Deporte a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura»



