
Todo comienza con ciertos relámpagos de vidas que me llaman la atención porque en algún punto, todavía desconocido, se vinculan con algo muy propio. Después viene un arduo trabajo: lograr que lo que veo se vuelva visible para otros. Lo que me atrae: escenas que presentan un ligero desacomodo, corrimiento de lo habitual, o que contradicen algún preconcepto que hasta entonces yo tenía sobre ciertas cuestiones. Me atrae sobre todo lo que es apenas un poco extraño o incomprensible, lo extraordinario o lo oscuro que habita en la vida de todos y que sólo con mucha atención, a veces, se deja ver. Hay una frase de Demócrito de Abdera que siempre tengo presente: todo está hecho de azar y necesidad, porquesi bien el comienzo es azaroso, luego lo que me guía y empecina es la sospecha de que ahí se esconde una verdad personal.
Máxima aspiración:
Haberse ganado un lugar en el oído del mundo sin cambiar la voz.
Leopoldo Brizuela citando a Leda Valladares
Nunca escribí historias completamente reales, tampoco puramente imaginadas. Todo lo que hice condensa situaciones que vi o escuché en oportunidades y tiempos diversos y también hay mucho autobiográfico que se filtra, pero nunca como un propósito sino como un vaso que se rompe en mil pedazos cuyas astillas se desparraman sin que pueda quitarlas y a veces ni siquiera reconocerlas.
Señor, ¿qué es un instrumento? Un instrumento no es la música.
El señor de Sainte Colombe al Señor Marais en Todas las mañanas del mundo, de Pascal Quignard
Ir hacia eso que viene hacia nosotros, esa imagen, esa voz en el oído, entregarse a esa intuición con el intenso deseo de comprender. Ir sin saber hacia dónde, abiertos a lo inesperado del encuentro con ese algo que aún no tiene forma. Temer todas las veces, aunque haya sucedido muchas veces, que la criatura no nazca bien. Saber que, si el temblor no llega, es porque algo no está saliendo bien y tener miedo de ser halagado o consentido por algo que ya hicimos, por algo ajeno a eso tras lo cual estamos. Necesitar de la destreza y el oficio y saber al mismo tiempo que hacerlo de oficio es lo que más nos aleja de lo que deseamos. Aceptar de antemano que nunca nada será del todo como lo hemos deseado, que por grande que sea la entrega y por larga que sea la espera, puede que no sepamos ver o que escuchemos mal o que sea demasiado pronto o demasiado tarde, porque como dice un poema de Rodolfo Godino, en la pelea con la palabra inhábil, partes del corazón y la verdad se pierden.
Crear es creer en lo que hacemos. Poner ojo cabeza
y corazón en la misma mira
Henri Cartier-Bresson.
El arte es una manera de resistir a la tentación de las certezas, dice Byung-Chul Han, pero también se resiste la lengua que no se deja escribir fácilmente y entonces hay que cavar ahí hasta hacerle decir algo que vaya más allá de lo convencional. Cavar una lengua propia en el territorio de la lengua oficial. Si después de mucho andar nos acercamos a eso, lo escrito nos descoloca, no parece escrito por nosotros porque, de hecho, lo hemos escrito en parte nosotros, en parte algo que está en nosotros y desconocemos.
El 16 de abril de 1862,
Sr. Higginson: ¿Está usted demasiado ocupado como para decirme
si mi verso está vivo? La mente está tan cerca de sí misma
que no puede distinguir con precisión, y no tengo
a nadie a quien preguntarle.
Emily Dickinson
En una película de los años noventa que se titula Todas las mañanas del mundo, basada en una nouvelle del francés Pascal Quignard, se narra la relación entre un músico (un violagambista) de la corte de Luis XIV y su maestro. Al cumplir diecisiete años, el violagambista le pide al maestro de la corte, arrasado por la melancolía a raíz de la muerte de su mujer, que sea su mentor. El maestro lo escucha, queda impresionado por su técnica, pero le advierte que su interpretación carece de algo indispensable: alma. Si algo se celebra ahí es la inspiración que deriva del dolor. El alma y la técnica. Porque la belleza, ¿de dónde surge sino de la proximidad con el dolor, de la conciencia de nuestra precariedad? ¿de dónde sino de la posibilidad de percibir ese dolor y esa precariedad en nosotros y en los demás? La flor del loto crece en el barro hasta alzarse sobre la superficie para florecer. Y una ostra que no ha sido herida no puede producir perlas, porque las perlas resultan del ingreso de una sustancia hiriente, indeseable frente a la cual ella segrega esa babaza que al endurecerse llamamos nácar.
No supe que estaba triste hasta que me pidieron que cantara.
Arnaldo Calveyra
John Berger en su libro (y antes en un programa de la BBC) traducido al castellano como Modos de ver, dice que lo importante no es tanto ver, sino cómo vemos, los modos de ver. Lo que define una época es su modo de mirar, dice.
La escritura es el largo camino hacia la propia cosa.
Clarice Lispector
El resultado de la escritura es siempre de algún modo un fracaso, un fracaso necesario porque sólo en la medida en que fracasemos podemos seguir escribiendo, intentarlo una vez más.
¿Quieres mejores resultados? Prueba cavando en el mismo sitio.
Yorgos Seferis
La ficción es un camino desde esa materia cruda que es la vida a lo cocido. En ese proceso de cocción el narrador lo es todo, hasta que no tengo el narrador capaz de narrar eso que busco saber, la escritura no entra en ebullición. La escritura es cocción de ingredientes muy diversos; la gracia está en que no se noten los ingredientes.
por más que escandalice/ la verdad interior /que traba la lengua/
y anda por su túnel resistiendo a sí misma/ debe ser descubierta//
el corazón multiforme/ debe insistir y ser escuchado/ …. /
de lo contrario solo se alumbra fenómenos de oficio/ ningún animal completo//
un hombre bajo hechizo/ registrando una revelación personal/ esa es, aunque no pueda ser probada, /
la ley de lo creado infinitamente repetida//
sin las cosas no hay poema/ con escrúpulos no hay poema/ sin artificio no hay poema. //
Rodolfo Godino en Para escribir el poema
Escribimos con un material prestado, porque la lengua no es nuestra, es del pueblo y se construye entre todos. En la oralidad, está el lugar más vital, también el más inestable, más inseguro, más inapresable. Un escritor no es un guardián de la lengua, sino alguien capaz de captar los pequeños desvíos que en el habla de un alguien se producen. Cómo volver verdadera una voz es el desafío. Esa voz social que tarde o temprano regresa, del mismo modo que en los procesos individuales regresa lo reprimido una y otra vez hasta que se hace un lugar en lo consciente. Las formas del arte que más me interesan son las que nos conectan con esa zona subterránea. Un individuo que, yendo hacia sí mismo, logra extraer algo de la voz social en la que está inserto. Por eso en los mejores momentos de los mejores escritores, quien habla por ellos es una sociedad.
yo soy escritor solo cuando escribo, el resto del tiempo
me pierdo entre la gente
Haroldo Conti
No se escribe sin una cierta necesidad. Si no hay necesidad, lo mejor es no hacerlo, porque no es sin miedo que se entra en estado de escritura. Un creador no hace más que aquello de lo que tiene absolutamente necesidad, dice Gilles Deleuze. Por supuesto, a veces uno no tiene nada que decir. Y a veces, aunque se tenga algo que decir, uno no sabe cómo decirlo (Agota Kristof). No siento angustia si no escribo, ni ante la página en blanco. Nada de eso. A veces paso mucho tiempo sin escribir una línea (me refiero a la escritura propiamente dicha, no a conferencias, prólogos, respuestas a preguntas, cosas que para mí tienen que ver con el trabajo), ese recreo que llamaría la escritura propiamente dicha tiene un lugar incierto y no sucede todo el tiempo. Yo no la fuerzo. Nunca quise que pasara por el deber. Me llevaría a un lugar que no es el que me gusta para la escritura.
Escribo para mí, para sentir mi alma hablando y cantando, a veces llorando…
Clarice Lispector
La imaginación es un vuelo que nunca se aleja del todo de la experiencia. Cada uno de nosotros tiene un arco de sensibilidad más allá del cual nada existe, dijo Wallace Stevens y esa sensibilidad está dada por la capacidad de dejarse atravesar por lo vivido… Wallace Stevens dijo también que Lo real sólo es la base. Pero es la base. Yo creo eso.
Todo lo que escribimos debe poder verse
Antón Chéjov
¿Cómo recuperar la lengua que se hablan las mujeres cuando nadie las escucha para corregirlas? (Hélène Cixous). Creo que una escritora tiene que aprender a rescatar a la madre (literaria y real). No sé si mis mujeres están liberadas, ni si les interesa serlo. Algunas se liberan, otras se quedan a medio camino, otras mueren sometidas. Tampoco creo que, en la vida cotidiana, todos nuestros actos sean actos liberadores, siempre hay mucha complejidad, tensiones entre las condiciones de vida y el deseo. Siempre hay una negociación entre las pasiones y las condiciones, entre las pulsiones y el contexto.Hacen falta muchos hombres para hacer a un hombre, dijo Eugenio Montale. Nadie se hace solo. Todo escritor se coloca en un punto entre la tradición y la vanguardia y una mujer que escribe está hecha (lo sepa o no) también de la tradición de escritura de otras mujeres. Pero atentas a que la tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego (Gustav Mahler)
Ya no volveré a oír su voz.
Es ella, con sus palabras, sus manos, sus gestos, su manera de reír y de caminar,
la que unía a la mujer que soy con la niña que fui.
Perdí el último nexo con el mundo del que salí
Annie Ernaux, Una mujer
Lo que se exhibe sin velos, es pornográfico. La pornografía va directo al asunto, no conoce distracción. Por eso, según San Agustín, Dios oscurecía las sagradas escrituras con metáforas, para convertirlas en objeto de deseo y hacer de la lectura un acto amoroso. Donde no hay repliegue sólo quedan imágenes domesticadas y esa domesticación de la lengua hace desaparecer su locura, desactiva su ambivalencia, su misterio, la multiplicidad de sus significaciones. Así la lengua se ve privada de su verdad. Lo más difícil es conservar un resto de no dicho, al mismo tiempo velar y develar, sostener el no todo se va a narrar aquí, lograr con palabras un no decir, porque escribir es saber y no saber hacia dónde iremos. Es requisito también no enamorarse de lo que uno hace, porque la fascinación obtura ese no saber y un escritor necesita no saber. Se trata, entonces, de soportar ese no saber y servirse de él. La actriz Cristina Banegas me dijo cierta vez que su maestro de teatro le decía vaciate de vos para que el inconsciente te tire un hueso. Vaciarse de uno para poder mirar desde el ángulo de otro.
no hay experiencia que capture el rayo, pero el que vio la luz nunca la olvida
Eugenio Montale
Un temblor, ese decir las cosas como si no se las supiera del todo, ese ir tanteando en la espesura. Que la lengua no abandone el habla, que no se deje domesticar. Y esa incitación a vivir atentos, porque lo que llamamos humildad es atención, podríamos decir recordando a Simone Weil, la atención como una forma de amor que hace que las cosas adquieran luz. Atención al objeto y a la música del habla. Un llamado a la plena conciencia del instante. Aun así, en cada historia o en cada poema llega un punto en el que ya no puedo ver más allá. Odio ese punto. Es por lo que llaman ciegos a los escritores (Anne Carson)
Trabajo en lo visible y lo cercano/ –y no lo creas fácil–. / No quisiera ir más lejos.
Todo esto/ que palpo y veo/ junto a mí, hora a hora/ es rebelde y resiste. /
Para su vivo peso/ demasiado livianas se me hacen las palabras.
Circe Maia


Ilustraciones de: Alejandra Fernández •Edición: Beatriz Sanjuán · Freddy Gonçalves
«Este proyecto ha recibido una ayuda del Ministerio de Cultura y Deporte a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura»



