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BRUJAS CARTONERAS

En estos meses de primavera, las Brujas nos hemos vuelto “cartoneras”. Pongo las comillas porque no vendemos los cartones ni las ediciones que resultan de ellos. Creamos libros. Creamos lectores. Guiamos rutas de comunicación. Ocupaciones cotidianas que han tomado cuerpo en un nuevo proyecto, seleccionado y ofrecido por EMULSA en Gijón, dentro de su Programa de Educación Medioambiental.

En este caso realizamos los talleres con jóvenes y adultos, en dos sesiones de dos horas cada una. En la primera damos a conocer el proyecto original en el que nos hemos inspirado, así como una selección de libros cuya estructura podemos adaptar para nuestras creaciones: obras colectivas que expresan inquietudes culturales, encuentro ciudadano, reutilización de materiales y objetos sin valor aparente pero evocadores de recuerdos y emociones. La colección estrella es Mi hermosa ciudad, de la editorial Media Vaca, especialmente los títulos dedicados a Buenos Aires y Warzawa.

Luego sólo queda lanzarse manos a la obra. Elegir un formato que se adapte a los materiales de que disponemos, un tema que interese a los participantes, un guión para el proceso. La segunda sesión nos permitirá añadir tesoros de casa, de nuestra propia vida: un botón roto, una entrada de cine, un billete de tren… ¿Quieres verlo en acción? Pincha en la imagen y déjate llevar a CARTONERAS.

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https://www.youtube.com/watch?v=3w-6DUByv78

 


La jardinera. Sarah Stewart. Ed. Ekaré.

LA JARDINERA

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Queridos lectores:

Me siento a escribiros bajo esas nubes, ya de otoño, que prometen agua a los campos. Estuve con vosotros, grandes y pequeños, en las I JORNADAS DE RUTAS DE LECTURA y hablamos de emociones. No, no de aquellas que viven disecadas en un catálogo escolar, sino de las que nacen de forma espontánea al compartir una historia, al dejar que sus páginas nos lleven a nuestra propia vida y a las cosas que nos importan.

Hubo risas, canciones, muchos ojos atentos y también sorprendidos. Hubo cuentos de antaño, lecturas de siempre y para siempre. Y entre todas ellas, hubo un lazo que quiero compartir aquí, en esta carta, como hago a veces con mis amigos: un regalo de palabras bajo la protección de un sello.

Hace unos años, La jardinera era para mí un libro pequeño y agradable que solía olvidar en la estantería cuando salía a la calle con mi carrito de biblioteca. Me gustaba la narración en género epistolar, la protagonista tranquila y paciente, el valor cotidiano que permite a los niños sobrevivir a las grandes crisis sin renunciar al futuro… pero me faltaba algo. En realidad, me faltaban muchas cosas, conexiones que me trajo el tiempo cuando, igual que la pequeña Lydia Gracia, ejercí el arte de sembrar y cuidar lo sembrado.

Llegó el tiempo de Rutas. Años de trazar itinerarios de lectura, de libros que conducen a otros libros, se plasmaron en este proyecto. En él coincidimos con personas de muy distintas edades y profesiones, para quienes el álbum ilustrado era especial. Y una de ellas me dijo: “Es uno de los pocos libros que no puedo leer sin una lágrima”. Y entonces me llegó, por fin, en su formato original. No aquel de tapa blanda y reducido tamaño que yo conocía. Ahora podía sumergirme en sus ilustraciones como si fueran escenas de una película; leía las cartas en medio de esas ilustraciones, como pausadas postales; me iba llenando de luz a través del viaje.

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El libro me eligió; pero el amor aún estaba por llegar.

Un día saqué de la biblioteca pública una novela gráfica dramática y autobiográfica: Stitches. A lo largo de sus viñetas en blanco y negro, de fuertes claroscuros y líneas angulosas, asistí a una infancia marcada por el desamor y la enfermedad. Sufrí por un niño que no encuentra su lugar en el mundo, pues los brazos de su madre, que deberían ser su primer refugio, jamás lo acogen. En las últimas páginas huí con él de aquel entorno desgraciado.

Sólo en los agradecimientos finales -ese texto que nadie lee, que es casi una dedicatoria personal- llegué a la total reparación: la vida continúa más allá de esa “a medias ficción” y el autor se encuentra a sí mismo en una relación cómplice y libre al mismo tiempo, la que establece con su mujer, Sarah Stewart. El nombre resuena en mi interior. El volumen que tengo entre mis manos es una obra de David Small. Por fin cada trazo, cada profundo significado de La jardinera, llega verdaderamente hasta mí.

Unos puntos suspensivos representan un silencio en medio de las cartas. En ésta anticipan el final, pero también el espacio para un continuará. Al contar esta experiencia de lectura en las Jornadas he revivido mis emociones y he invitado a otros a comprenderlas.

La tarde se escapa. Lanzo mi mensaje al abismo de los buzones, aunque sean digitales. Queridos lectores: qué riesgo delicioso, escribir esas palabras.

Felices cuentos. Felices encuentros.

Con cariño os escribe:

Beatriz

 


LA PUERTA

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La puerta.
Michel Van Zeveren
Editorial Corimbo.

” Una cerdita entra en el baño, buscando un poco de intimidad para ducharse. Pero parece que toda la familia se ha puesto de acuerdo para interrumpirla… Una reflexión sobre la necesidad de espacio personal, el respeto y la importancia de comunicar nuestros sentimientos.” (Ruta 4. Comunicación no-verbal: la dramatización como recurso. Pág. 63)
A las Brujas nos gusta el Teatro. Lo disfrutamos como espectadoras, también lo utilizamos como recurso cuando contamos cuentos o leemos en voz alta un texto. Pero hoy os proponemos algo más. Más que un elemento de disfrute, más que un recurso educativo. Hoy traemos el teatro como un PROYECTO EDUCATIVO en sí mismo.

Por una parte, requiere un trabajo corporal, educar la voz, bucear en nuestras emociones, aprender a expresarlas. Pero es también una oportunidad para aprender a planificar. Es necesario, por ejemplo, pensar en el vestuario, el tipo de luz y decorados, para recrear el ambiente que necesita la historia. Requiere también aprender a dirigir a los actores, establecer calendarios de ensayos, decidir cuándo la obra está lista para ser representada. También  precisa organizar la producción: establecer los recursos disponibles, presupuestar gastos, realizar compras, establecer aforo y valor de la entrada, elegir los medios publicitarios, diseñar cartel y entradas…

En definitiva, un proyecto educativo integral en el que abordamos varias áreas de conocimiento (matemáticas, lengua española, conocimiento del medio, plástica) y en el que desarrollamos múltiples competencias y nuestra inteligencia emocional.
¿Se le puede pedir algo más a un proyecto? Pues que sea sencillo de llevar a cabo en el aula. Para eso hemos elaborado la Ruta 4, un paso a paso de cómo utilizar la dramatización como recurso, lleno de enlaces a artículos y experiencias que os ayudarán a que vuestro proyecto teatral sea todo un éxito: http://www.rutasdelectura.com/descarga_pdf/Ruta4.pdf

Nuestro camino comienza ante una puerta. ¿Te atreves a abrirla?

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Ilustración de Suzy Lee para Alice in Wonderland


GUYI-GUYI

APRENDER QUIÉNES SOMOS, DECIDIR QUIÉNES QUEREMOS SER

Cuando elaboramos nuestras Rutas de Lectura nos propusimos como objetivo principal trabajar las habilidades comunicativas en el aula (y en casa). Pero… ¿Por qué nos parece tan importante trabajar la comunicación? Podemos responder que es una competencia básica o que es un tema destacado dentro del currículo. Sin embargo, esa no es una motivación válida para los niños. Si dialogamos con ellos es fácil coincidir en que comunicarse es una necesidad, una acción cotidiana, un instrumento para conocer nuestro lugar en el mundo y entre los que nos rodean. Buscamos dar respuesta a dos de las preguntas fundamentales en la vida: Quiénes somos y Quiénes decidimos ser.

Es por eso que en nuestra Ruta 1 comenzamos el viaje leyendo un álbum ilustrado que nos gusta especialmente: GUYI GUYI, un cuento sobre la identidad, la familia y el respeto por la diferencia.

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En esta historia, Mamá pata está tan entretenida leyendo que no se da cuenta de que un huevo ha llegado rodando al nido donde está empollando. Del cascarón salen tres patos y un cocodrilo al que llama Guyi Guyi. Mamá pata cría a todos sus hijos por igual, aunque a Guyi Guyi le resulta difícil ser pato. Hasta que un día se encuentra a otros cocodrilos que le explican quién es y que tienen toda la intención de comerse a su familia.

A partir de esta lectura, podemos iniciar una conversación: ¿Qué nos ha gustado del libro? ¿Qué no nos ha gustado? ¿Hay algo que no hayamos entendido? ¿Se puede ser pato siendo un cocodrilo? ¿Es lo mismo ser un pato que comportarse como un pato? ¿Son los cocodrilos familia de Guyi Guyi? ¿Y los patos? ¿Se puede tener dos familias a la vez? ¿Qué significa ser familia? ¿Quiénes forman parte de nuestra familia? Las preguntas son infinitas, pero cada uno tiene que buscar su propia respuesta. Y una vez hallada, debe encontrar la forma de comunicarla a los demás.

Familia significa casa. Casa, especialmente para un pato, significa nido. ¿Por qué no crear nuestro propio nido? Es una actividad muy sencilla. Consiste en hacer nidos con rafia, paja o papel rasgado o cortado en tiras finas, con huevos coloreados. Pueden ser bidimensionales (manchas con técnicas húmedas como acuarela, témpera o pintura de dedos, sobre formas recortadas en cartulina o etiquetas adhesivas) o tridimensionales (huevos de masa coloreada o huevos auténticos cocidos y teñidos, pintados o cubiertos con decoupage). El tema del nido tiene, en todos los sentidos, conexión con el origen de la vida. Mientras los niños manipulan materiales y les dan forma, están reflexionando y expresando expectativas sobre el orden de los seres en el mundo: cómo llegamos, nos acogen, nos transformamos…

¿Te apetece seguir? En la Ruta 1 encontrarás más libros para entender junto a los niños para qué sirve comunicarse. El viaje no ha hecho más que empezar.


LOS CINCO DESASTRES

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LOS CINCO DESASTRES

Beatrice Alemagna

A buen paso

 

Éste es un libro incómodo. Con su aspecto inocente y descuidado, su discurso simple… Tan parecido al de un niño. Ese niño que todo lo olvida, todo lo guarda, se cansa cuando queremos que corra, corre cuando queremos que esté quieto… Un verdadero desastre, ¿no? Nosotros los adultos somos diferentes, ya hemos aprendido y madurado. Claro que no somos como el tipo perfecto. Ese nos cae gordo, es un estúpido.

Entonces, ¿de qué va la historia? Volvamos a empezar: tal vez los cinco desastres no lo son tanto. Pero sí. Incapaces de hacer nada, contentos de ser así. “¡ESO NO ESTÁ BIEN!”, exclamamos con el perfecto. Aunque no somos como él, ¿verdad? No nos enfadamos ni gritamos: “¡Entonces no servís para nada! ¡Sois un cero a la izquierda!”.

¿La moraleja es que hay que estar orgullosos de ser un desastre? Pues menuda conclusión. Debería haber un perfecto más simpático, con dotes sociales para organizar la mejoría de los pobres desastres, que seguramente no tienen la culpa de ser como son: tienen defectos y agujeros, el cuerpo blandito… Necesitan gimnasia y disciplina, cultura general y contenidos útiles para su futuro. Eso es todo.

Vaya libro. Nosotros lo haríamos mejor, que ni siquiera las ilustraciones están muy logradas. Todo muy descabalado. Es normal que los desastres sean así, pero el perfecto… ¿No dice que es bello, liso y con una preciosa melena? Pues no se la vemos por ningún lado. Se parece bastante a los otros, la verdad. Y si no mostramos con claridad la diferencia a los niños, ¿cómo van a saber elegir lo bueno? Necesitamos ejemplos y valores.

Ya os dije que era un libro incómodo. Incómodo para los adultos, porque nos refleja como en un espejo y no nos permite dar respuestas claras a las preguntas difíciles de tragar que nos plantea. Incómodo, como casi todas las propuestas que intentan, honradamente, mirar sin prejuicios. Y, si de eso se trata, ¿vamos a brindar desde aquí una “interpretación recomendada”? ¿O vamos a ser verdaderamente valientes y atrevernos a leer con los niños, a hacer frente juntos a los interrogantes que surjan?

 

 


SALVAJE

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Salvaje

Emily Hughes

Libros del Zorro Rojo

 

Una semana haciendo malabarismos con todos esos conceptos: “identidad”, “educación”, “lenguaje”, “interacción comunicativa”… Y finalmente, en la biblioteca, jugamos a Salvaje, la historia de una pequeñísima niña adoptada por el bosque: Aprendemos a hablar con Pájaro, a comer con Oso y a Jugar con Zorro.

Todos lo hacemos bien, aunque se nota la diferencia de aceptación entre los aficionados al mundo animal y los otros: Se discute si cada maestro es el más adecuado. Yo no digo nada, pero descubro una vez más el fino instinto de los pequeños para plantearse preguntas importantes y negociar con varias respuestas.

En lo que sí estamos todos de acuerdo es en lo poco que nos gustan el famoso psiquiatra y su mujer. A algunos les da vergüenza jugar a peinar, dar clase o cortar el filete como lo hacen ellos: son agresivos y mal encarados. No escuchan ni miran a los ojos. Ellos, desde luego, no son buenos maestros. Da gusto abandonar su casa y volver “desnudos” al juego inicial: a la aceptación, el intercambio y la armonía que invaden la última página. Los niños se acurrucan unos contra otros y escuchan el canto de los pájaros en las ramas.

Cada uno vuelve a casa tras las lecturas, tan corporales hoy y tan lúdicas: Pato va en bici, Gorilón, De la cabeza a los pies, ¡1, 2, 3, arriba!, Antonino va y viene… Los libros, bellamente ilustrados, se llevan en préstamo para disfrutarlos de cerca en el calor del hogar.

Yo sigo con mis papeles, empeñada en contarle a los adultos lo que acabamos de vivir con toda naturalidad en un pequeño grupo menor de seis años: “identidad”, “educación”, “lenguaje”, “interacción comunicativa”…

Tal vez debería, como nuestra protagonista, arrojar por los aires las fichas de análisis, los manuales de frenología, los estudios del cerebro humano y todos los mitos del Buen Salvaje.

Pues que así sea. Al menos por hoy.

 

ADVERTENCIA: No leer este álbum sin la compañía de un menor

 

 


DIBUJO DE UNA CIUDAD

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Dibujo de una ciudad.

Tejubehan.

Thule

 

Cierra los ojos. El aroma del papel es una alfombra voladora. Extiende tus manos para iniciar el viaje, deja que las yemas de tus dedos descubran la diferencia entre este libro y los demás. Escucha el rumor de las páginas, la suave fortaleza de sus alas: hay muchas voces ocultas en este objeto, mensajes que te buscan incluso antes de abrir tus sentidos a la imagen y al texto.

El camino ha sido más difícil de lo que imaginas. Esta historia es real y presente, como una carta manuscrita en tu buzón. Una carta de Teju, la autora.

“Me llaman Teju. Aquí es donde estoy, soy una niña de aldea.”

 

Una niña de aldea que se enfrenta al hambre y al bosque, al trabajo duro, a la pobreza. Que no debe cantar en público. No debe aprender a dibujar. Porque en la vida que le está destinada, sus sueños sólo pueden transformarse en oraciones.

Pero no es un milagro el que pone a su alcance primero la música y después la pluma y el papel. Es simplemente una persona que cree en ella como igual:

 

“Entonces Ganeshbhai me dice: <<¿Por qué no pruebas?>>

Es como magia. Me siento en un lugar con pluma y papel y mi mano se mueve sola. Líneas, puntos, más líneas y más puntos y ya tienes un dibujo. Puedo darle vida a cosas que he visto y he conocido y también a cosas que imagino. Incluso puedo mezclarlas.

He viajado durante toda mi vida, buscándome la vida, pero esto es un camino nuevo. Colma mi corazón.”

Unknown

Todos los libros nos transportan al interior de sus creadores. Sus miradas, sus sentimientos, sus palabras, se hacen nuestros a través de los personajes, aunque todo lo que cuenten pertenezca a otra época o sea completamente inventado.

Pero aquí, como sucede en una carta personal, no hay apenas distancia entre la mano que dibuja, su sencilla descripción de los hechos, y el final que se materializa entre nuestros dedos. No se trata solamente de la veracidad palpable en las palabras y los dibujos de Teju. Libros como éste existen gracias a proyectos como Tara Books, una pequeña editorial independiente de la India que no descuida ningún detalle de ese proceso de transmisión: Como ellos mismos declaran, “buscamos combinar la estética y la política, sin una pesada carga de pedagogía de manual, y recuperar la belleza con relevancia social. (…) Concretamente, estamos interesados en explorar modos de mirar, representar y pensar, especialmente de los individuos y tradiciones que han sido ignorados o relegados. (…) Realizamos talleres, investigación y documentación en torno a la pedagogía crítica, el arte indígena y popular, la lectura y la educación artística, la paz y los estudios de género.”

Todo esto es lo que perciben mis sentidos cuando les llega Dibujo de una ciudad. Y me doy tiempo para ello, como Teju:

“En este punto dejo descansar la pluma un momento. Hay tiempo para decidir.”

 

 


HILDA Y EL TROL

Hilda y el trol.

Luke Pearson.

Barbara Fiore

Hilda y el trol

“Llegó con tres heridas:

La del amor,

La de la muerte,

la de la vida”[1]

Dicen que hay sólo tres temas en toda la literatura. Dos de ellos llegan con nombre propio, e incluso cuando se entrelazan nadie discute su espacio: El Amor y la Muerte. El tercero, sin embargo, es un espíritu inasible en torno al cual se organiza el eterno debate: lo llamaremos vida, lo llamaremos viaje, lo llamaremos búsqueda. Cómo lo llamaremos.

La literatura infantil, a menudo temerosa del cuerpo rotundo del Amor y la Muerte, suele elegir ese territorio indefinido. Juega a lo largo y ancho del mismo, vistiendo el adjetivo “iniciático” como una suerte de documento preventivo, una “L” en el parabrisas trasero: estamos en periodo de pruebas.

¿Pruebas? En realidad no hay nada más vivo, más involucrado en la búsqueda ni que se la tome más en serio que un niño. Por ejemplo, Hilda. Las 24 horas (incluso mientras duerme) las dedica a explorar territorios, buscar indicios, comprobar teorías, experimentar nuevas situaciones. La relación con su madre es de una rara autonomía: niña y adulta permanecen en sus roles (la madre es cuidadora y referente, punto de partida y de regreso), pero las actividades de cada una conviven con las de la otra en medio de una amable libertad:

“-Mamá, pasaré el día dibujando en la montaña…

– De acuerdo, corazón. Vuelve a la hora de cenar, ¡y dibújame algo bonito!”

Brizna es la mascota compañera, perfectamente integrada, estética y ficcionalmente hablando: alguien a quien Hilda puede cuidar a su vez y mostrarle sus descubrimientos. Y el resto es un mapa abierto a la aventura: la naturaleza y la ciudad, los seres reales y los imaginarios, los libros y las actividades físicas… Hilda no renuncia a nada y cualquier lector con esa misma disposición es bienvenido a acompañarla.

Cualquiera, claro, que no tenga prejuicios sobre si un cómic es literatura, o es arte, o es lectura; si los grandes temas son para niños, si la literatura infantil puede interesar a los adultos, si fomentar la autonomía es bueno para las niñas, si los humanos tienen el pelo azul, si los trols existen, si hay mundos paralelos y galaxias habitadas, si se puede citar a Miguel Hernández para hablar de cosas como éstas…

[1] Miguel Hernández. Cancionero y romancero de ausencias.

asi es la vida del aventurero

 


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