Igualdad

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SALVAJE

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Salvaje

Emily Hughes

Libros del Zorro Rojo

 

Una semana haciendo malabarismos con todos esos conceptos: “identidad”, “educación”, “lenguaje”, “interacción comunicativa”… Y finalmente, en la biblioteca, jugamos a Salvaje, la historia de una pequeñísima niña adoptada por el bosque: Aprendemos a hablar con Pájaro, a comer con Oso y a Jugar con Zorro.

Todos lo hacemos bien, aunque se nota la diferencia de aceptación entre los aficionados al mundo animal y los otros: Se discute si cada maestro es el más adecuado. Yo no digo nada, pero descubro una vez más el fino instinto de los pequeños para plantearse preguntas importantes y negociar con varias respuestas.

En lo que sí estamos todos de acuerdo es en lo poco que nos gustan el famoso psiquiatra y su mujer. A algunos les da vergüenza jugar a peinar, dar clase o cortar el filete como lo hacen ellos: son agresivos y mal encarados. No escuchan ni miran a los ojos. Ellos, desde luego, no son buenos maestros. Da gusto abandonar su casa y volver “desnudos” al juego inicial: a la aceptación, el intercambio y la armonía que invaden la última página. Los niños se acurrucan unos contra otros y escuchan el canto de los pájaros en las ramas.

Cada uno vuelve a casa tras las lecturas, tan corporales hoy y tan lúdicas: Pato va en bici, Gorilón, De la cabeza a los pies, ¡1, 2, 3, arriba!, Antonino va y viene… Los libros, bellamente ilustrados, se llevan en préstamo para disfrutarlos de cerca en el calor del hogar.

Yo sigo con mis papeles, empeñada en contarle a los adultos lo que acabamos de vivir con toda naturalidad en un pequeño grupo menor de seis años: “identidad”, “educación”, “lenguaje”, “interacción comunicativa”…

Tal vez debería, como nuestra protagonista, arrojar por los aires las fichas de análisis, los manuales de frenología, los estudios del cerebro humano y todos los mitos del Buen Salvaje.

Pues que así sea. Al menos por hoy.

 

ADVERTENCIA: No leer este álbum sin la compañía de un menor

 

 


DIBUJO DE UNA CIUDAD

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Dibujo de una ciudad.

Tejubehan.

Thule

 

Cierra los ojos. El aroma del papel es una alfombra voladora. Extiende tus manos para iniciar el viaje, deja que las yemas de tus dedos descubran la diferencia entre este libro y los demás. Escucha el rumor de las páginas, la suave fortaleza de sus alas: hay muchas voces ocultas en este objeto, mensajes que te buscan incluso antes de abrir tus sentidos a la imagen y al texto.

El camino ha sido más difícil de lo que imaginas. Esta historia es real y presente, como una carta manuscrita en tu buzón. Una carta de Teju, la autora.

“Me llaman Teju. Aquí es donde estoy, soy una niña de aldea.”

 

Una niña de aldea que se enfrenta al hambre y al bosque, al trabajo duro, a la pobreza. Que no debe cantar en público. No debe aprender a dibujar. Porque en la vida que le está destinada, sus sueños sólo pueden transformarse en oraciones.

Pero no es un milagro el que pone a su alcance primero la música y después la pluma y el papel. Es simplemente una persona que cree en ella como igual:

 

“Entonces Ganeshbhai me dice: <<¿Por qué no pruebas?>>

Es como magia. Me siento en un lugar con pluma y papel y mi mano se mueve sola. Líneas, puntos, más líneas y más puntos y ya tienes un dibujo. Puedo darle vida a cosas que he visto y he conocido y también a cosas que imagino. Incluso puedo mezclarlas.

He viajado durante toda mi vida, buscándome la vida, pero esto es un camino nuevo. Colma mi corazón.”

Unknown

Todos los libros nos transportan al interior de sus creadores. Sus miradas, sus sentimientos, sus palabras, se hacen nuestros a través de los personajes, aunque todo lo que cuenten pertenezca a otra época o sea completamente inventado.

Pero aquí, como sucede en una carta personal, no hay apenas distancia entre la mano que dibuja, su sencilla descripción de los hechos, y el final que se materializa entre nuestros dedos. No se trata solamente de la veracidad palpable en las palabras y los dibujos de Teju. Libros como éste existen gracias a proyectos como Tara Books, una pequeña editorial independiente de la India que no descuida ningún detalle de ese proceso de transmisión: Como ellos mismos declaran, “buscamos combinar la estética y la política, sin una pesada carga de pedagogía de manual, y recuperar la belleza con relevancia social. (…) Concretamente, estamos interesados en explorar modos de mirar, representar y pensar, especialmente de los individuos y tradiciones que han sido ignorados o relegados. (…) Realizamos talleres, investigación y documentación en torno a la pedagogía crítica, el arte indígena y popular, la lectura y la educación artística, la paz y los estudios de género.”

Todo esto es lo que perciben mis sentidos cuando les llega Dibujo de una ciudad. Y me doy tiempo para ello, como Teju:

“En este punto dejo descansar la pluma un momento. Hay tiempo para decidir.”

 

 


HILDA Y EL TROL

Hilda y el trol.

Luke Pearson.

Barbara Fiore

Hilda y el trol

“Llegó con tres heridas:

La del amor,

La de la muerte,

la de la vida”[1]

Dicen que hay sólo tres temas en toda la literatura. Dos de ellos llegan con nombre propio, e incluso cuando se entrelazan nadie discute su espacio: El Amor y la Muerte. El tercero, sin embargo, es un espíritu inasible en torno al cual se organiza el eterno debate: lo llamaremos vida, lo llamaremos viaje, lo llamaremos búsqueda. Cómo lo llamaremos.

La literatura infantil, a menudo temerosa del cuerpo rotundo del Amor y la Muerte, suele elegir ese territorio indefinido. Juega a lo largo y ancho del mismo, vistiendo el adjetivo “iniciático” como una suerte de documento preventivo, una “L” en el parabrisas trasero: estamos en periodo de pruebas.

¿Pruebas? En realidad no hay nada más vivo, más involucrado en la búsqueda ni que se la tome más en serio que un niño. Por ejemplo, Hilda. Las 24 horas (incluso mientras duerme) las dedica a explorar territorios, buscar indicios, comprobar teorías, experimentar nuevas situaciones. La relación con su madre es de una rara autonomía: niña y adulta permanecen en sus roles (la madre es cuidadora y referente, punto de partida y de regreso), pero las actividades de cada una conviven con las de la otra en medio de una amable libertad:

“-Mamá, pasaré el día dibujando en la montaña…

– De acuerdo, corazón. Vuelve a la hora de cenar, ¡y dibújame algo bonito!”

Brizna es la mascota compañera, perfectamente integrada, estética y ficcionalmente hablando: alguien a quien Hilda puede cuidar a su vez y mostrarle sus descubrimientos. Y el resto es un mapa abierto a la aventura: la naturaleza y la ciudad, los seres reales y los imaginarios, los libros y las actividades físicas… Hilda no renuncia a nada y cualquier lector con esa misma disposición es bienvenido a acompañarla.

Cualquiera, claro, que no tenga prejuicios sobre si un cómic es literatura, o es arte, o es lectura; si los grandes temas son para niños, si la literatura infantil puede interesar a los adultos, si fomentar la autonomía es bueno para las niñas, si los humanos tienen el pelo azul, si los trols existen, si hay mundos paralelos y galaxias habitadas, si se puede citar a Miguel Hernández para hablar de cosas como éstas…

[1] Miguel Hernández. Cancionero y romancero de ausencias.

asi es la vida del aventurero

 


SOFÍA VIAJA A LA ANTÁRTIDA

Sofía viaja a la Antártida

Alison Lester

Ediciones Ekaré

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“Nadie vive toda su vida en la Antártica. Los científicos e investigadores se quedan un tiempo para estudiar el hielo, los animales, las plantas (musgos, líquenes), el sol, las estrellas, los planetas, el clima, las rocas, el océano y los fósiles”.

Así comienza el diario de Sofía, con esta anotación sobre el mapa del mundo que muestra su viaje a la estación Mawson.

Casi parece un viaje a otro planeta. Una aventura donde los investigadores son los protagonistas y se han pactado reglas de protección de este gigantesco laboratorio natural. Los ojos de una niña son el camino perfecto hacia ese mundo helado que apenas podemos imaginar.

A menudo cuando acompañamos a los niños y niñas a las bibliotecas, muestran un gran interés por los libros informativos. Buscan aquellos que tratan sus temas favoritos y no les importa que sean aparentemente más complejos de lo recomendado para su edad: su curiosidad es la que selecciona el libro que necesitan, no la programación.

Por desgracia, es habitual que esos documentos no estén ni siquiera disponibles para el préstamo. Que no se consideren lecturas en sentido estricto, y menos aún cuando van acompañadas de imágenes.

Desanimamos a los niños a investigar. Y más aún, debo decirlo, a las niñas.

Este libro hace todo lo contrario. Su autora, Alison Lester, reúne materiales muy variados, dialoga con niños de todo el mundo para seleccionarlos y componerlos, y finalmente les da vida a través de la voz de Sofía, una niña de 9 años que acompaña a su padre en un viaje de trabajo a la Antártida. Todo es creíble e interesante, pertinente y bien organizado; con menos héroes y más equipos; menos leyenda y más “labores de mantenimiento”. Una aventura cotidiana en la que todos y todas tenemos cabida.

¿Y tú? ¿Te animas?

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