Vuelta al año

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LOS CINCO DESASTRES

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LOS CINCO DESASTRES

Beatrice Alemagna

A buen paso

 

Éste es un libro incómodo. Con su aspecto inocente y descuidado, su discurso simple… Tan parecido al de un niño. Ese niño que todo lo olvida, todo lo guarda, se cansa cuando queremos que corra, corre cuando queremos que esté quieto… Un verdadero desastre, ¿no? Nosotros los adultos somos diferentes, ya hemos aprendido y madurado. Claro que no somos como el tipo perfecto. Ese nos cae gordo, es un estúpido.

Entonces, ¿de qué va la historia? Volvamos a empezar: tal vez los cinco desastres no lo son tanto. Pero sí. Incapaces de hacer nada, contentos de ser así. “¡ESO NO ESTÁ BIEN!”, exclamamos con el perfecto. Aunque no somos como él, ¿verdad? No nos enfadamos ni gritamos: “¡Entonces no servís para nada! ¡Sois un cero a la izquierda!”.

¿La moraleja es que hay que estar orgullosos de ser un desastre? Pues menuda conclusión. Debería haber un perfecto más simpático, con dotes sociales para organizar la mejoría de los pobres desastres, que seguramente no tienen la culpa de ser como son: tienen defectos y agujeros, el cuerpo blandito… Necesitan gimnasia y disciplina, cultura general y contenidos útiles para su futuro. Eso es todo.

Vaya libro. Nosotros lo haríamos mejor, que ni siquiera las ilustraciones están muy logradas. Todo muy descabalado. Es normal que los desastres sean así, pero el perfecto… ¿No dice que es bello, liso y con una preciosa melena? Pues no se la vemos por ningún lado. Se parece bastante a los otros, la verdad. Y si no mostramos con claridad la diferencia a los niños, ¿cómo van a saber elegir lo bueno? Necesitamos ejemplos y valores.

Ya os dije que era un libro incómodo. Incómodo para los adultos, porque nos refleja como en un espejo y no nos permite dar respuestas claras a las preguntas difíciles de tragar que nos plantea. Incómodo, como casi todas las propuestas que intentan, honradamente, mirar sin prejuicios. Y, si de eso se trata, ¿vamos a brindar desde aquí una “interpretación recomendada”? ¿O vamos a ser verdaderamente valientes y atrevernos a leer con los niños, a hacer frente juntos a los interrogantes que surjan?

 

 


HERMAN Y ROSIE

Corimbo Herman y Rosie

 

Herman y Rosie.

Gus Gordon.

Corimbo

 

La cubierta deja intuir un disco de vinilo. Sobre él, dos personajes interpretan su música, uno de espaldas al otro. El ambiente de jazz impregna cada página de esta historia: ¿una canción de amor?

Dicho así, puede sonar un poco extraño para ser un libro infantil. Sin embargo, las peripecias y desencuentros de Herman y Rosie en las calles de Nueva York no desentonan en absoluto entre los libros que hemos elegido para iniciar nuestras Rutas del 2015: hay búsqueda, identidad y relaciones que la conforman, tanto con el entorno como con aquellos que lo habitan.

Y la clave está en los detalles, esos mismos detalles que los niños adoran. Temas, palabras e imágenes nos parecen engañosamente sencillos, pero se desarrollan con la calma cuidadosa de las cosas bien hechas:

Desde las guardas, con su plano cuadriculado y bien reconocible, nos sumergimos en la ciudad más retratada por el cine. Recorremos un escenario donde todos hemos vivido ya muchas aventuras, aunque nunca hayamos puesto en ella nuestros pies. De hecho, es fácil asumir también la personalidad y los sueños de los dos protagonistas, artistas desconocidos que viven su día a día en apartamentos vecinos. ¿Por qué, entonces, nos detenemos en sus miradas? Porque lo familiar está lleno de sorpresas: pequeñas fotografías que se insertan con naturalidad en el trazo suelto del ilustrador; pedazos de cuadrícula que adquieren vida nueva como baldosas, tejido o papel pintado; postales que actúan como viñetas; anuncios, avisos o asientos contables que se suman a la historia; un skyline de recortes impresos y texturas misteriosas que colorean el espacio.

La magia podría venirse abajo con facilidad cuando llega el encuentro final, por todos esperado. Pero la maestría del último acorde vuelve a poner a la ciudad en el centro de la pantalla, ahora transformada por la compañía, por la emoción de descubrir juntos lo cotidiano y convertirlo en un proyecto de futuro.

No te quedes sólo con una cara del disco. Escucha también la “cara B”.

 

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SALVAJE

ZR-Salvaje copia

Salvaje

Emily Hughes

Libros del Zorro Rojo

 

Una semana haciendo malabarismos con todos esos conceptos: “identidad”, “educación”, “lenguaje”, “interacción comunicativa”… Y finalmente, en la biblioteca, jugamos a Salvaje, la historia de una pequeñísima niña adoptada por el bosque: Aprendemos a hablar con Pájaro, a comer con Oso y a Jugar con Zorro.

Todos lo hacemos bien, aunque se nota la diferencia de aceptación entre los aficionados al mundo animal y los otros: Se discute si cada maestro es el más adecuado. Yo no digo nada, pero descubro una vez más el fino instinto de los pequeños para plantearse preguntas importantes y negociar con varias respuestas.

En lo que sí estamos todos de acuerdo es en lo poco que nos gustan el famoso psiquiatra y su mujer. A algunos les da vergüenza jugar a peinar, dar clase o cortar el filete como lo hacen ellos: son agresivos y mal encarados. No escuchan ni miran a los ojos. Ellos, desde luego, no son buenos maestros. Da gusto abandonar su casa y volver “desnudos” al juego inicial: a la aceptación, el intercambio y la armonía que invaden la última página. Los niños se acurrucan unos contra otros y escuchan el canto de los pájaros en las ramas.

Cada uno vuelve a casa tras las lecturas, tan corporales hoy y tan lúdicas: Pato va en bici, Gorilón, De la cabeza a los pies, ¡1, 2, 3, arriba!, Antonino va y viene… Los libros, bellamente ilustrados, se llevan en préstamo para disfrutarlos de cerca en el calor del hogar.

Yo sigo con mis papeles, empeñada en contarle a los adultos lo que acabamos de vivir con toda naturalidad en un pequeño grupo menor de seis años: “identidad”, “educación”, “lenguaje”, “interacción comunicativa”…

Tal vez debería, como nuestra protagonista, arrojar por los aires las fichas de análisis, los manuales de frenología, los estudios del cerebro humano y todos los mitos del Buen Salvaje.

Pues que así sea. Al menos por hoy.

 

ADVERTENCIA: No leer este álbum sin la compañía de un menor

 

 


DIBUJO DE UNA CIUDAD

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Dibujo de una ciudad.

Tejubehan.

Thule

 

Cierra los ojos. El aroma del papel es una alfombra voladora. Extiende tus manos para iniciar el viaje, deja que las yemas de tus dedos descubran la diferencia entre este libro y los demás. Escucha el rumor de las páginas, la suave fortaleza de sus alas: hay muchas voces ocultas en este objeto, mensajes que te buscan incluso antes de abrir tus sentidos a la imagen y al texto.

El camino ha sido más difícil de lo que imaginas. Esta historia es real y presente, como una carta manuscrita en tu buzón. Una carta de Teju, la autora.

“Me llaman Teju. Aquí es donde estoy, soy una niña de aldea.”

 

Una niña de aldea que se enfrenta al hambre y al bosque, al trabajo duro, a la pobreza. Que no debe cantar en público. No debe aprender a dibujar. Porque en la vida que le está destinada, sus sueños sólo pueden transformarse en oraciones.

Pero no es un milagro el que pone a su alcance primero la música y después la pluma y el papel. Es simplemente una persona que cree en ella como igual:

 

“Entonces Ganeshbhai me dice: <<¿Por qué no pruebas?>>

Es como magia. Me siento en un lugar con pluma y papel y mi mano se mueve sola. Líneas, puntos, más líneas y más puntos y ya tienes un dibujo. Puedo darle vida a cosas que he visto y he conocido y también a cosas que imagino. Incluso puedo mezclarlas.

He viajado durante toda mi vida, buscándome la vida, pero esto es un camino nuevo. Colma mi corazón.”

Unknown

Todos los libros nos transportan al interior de sus creadores. Sus miradas, sus sentimientos, sus palabras, se hacen nuestros a través de los personajes, aunque todo lo que cuenten pertenezca a otra época o sea completamente inventado.

Pero aquí, como sucede en una carta personal, no hay apenas distancia entre la mano que dibuja, su sencilla descripción de los hechos, y el final que se materializa entre nuestros dedos. No se trata solamente de la veracidad palpable en las palabras y los dibujos de Teju. Libros como éste existen gracias a proyectos como Tara Books, una pequeña editorial independiente de la India que no descuida ningún detalle de ese proceso de transmisión: Como ellos mismos declaran, “buscamos combinar la estética y la política, sin una pesada carga de pedagogía de manual, y recuperar la belleza con relevancia social. (…) Concretamente, estamos interesados en explorar modos de mirar, representar y pensar, especialmente de los individuos y tradiciones que han sido ignorados o relegados. (…) Realizamos talleres, investigación y documentación en torno a la pedagogía crítica, el arte indígena y popular, la lectura y la educación artística, la paz y los estudios de género.”

Todo esto es lo que perciben mis sentidos cuando les llega Dibujo de una ciudad. Y me doy tiempo para ello, como Teju:

“En este punto dejo descansar la pluma un momento. Hay tiempo para decidir.”

 

 


HILDA Y EL TROL

Hilda y el trol.

Luke Pearson.

Barbara Fiore

Hilda y el trol

“Llegó con tres heridas:

La del amor,

La de la muerte,

la de la vida”[1]

Dicen que hay sólo tres temas en toda la literatura. Dos de ellos llegan con nombre propio, e incluso cuando se entrelazan nadie discute su espacio: El Amor y la Muerte. El tercero, sin embargo, es un espíritu inasible en torno al cual se organiza el eterno debate: lo llamaremos vida, lo llamaremos viaje, lo llamaremos búsqueda. Cómo lo llamaremos.

La literatura infantil, a menudo temerosa del cuerpo rotundo del Amor y la Muerte, suele elegir ese territorio indefinido. Juega a lo largo y ancho del mismo, vistiendo el adjetivo “iniciático” como una suerte de documento preventivo, una “L” en el parabrisas trasero: estamos en periodo de pruebas.

¿Pruebas? En realidad no hay nada más vivo, más involucrado en la búsqueda ni que se la tome más en serio que un niño. Por ejemplo, Hilda. Las 24 horas (incluso mientras duerme) las dedica a explorar territorios, buscar indicios, comprobar teorías, experimentar nuevas situaciones. La relación con su madre es de una rara autonomía: niña y adulta permanecen en sus roles (la madre es cuidadora y referente, punto de partida y de regreso), pero las actividades de cada una conviven con las de la otra en medio de una amable libertad:

“-Mamá, pasaré el día dibujando en la montaña…

– De acuerdo, corazón. Vuelve a la hora de cenar, ¡y dibújame algo bonito!”

Brizna es la mascota compañera, perfectamente integrada, estética y ficcionalmente hablando: alguien a quien Hilda puede cuidar a su vez y mostrarle sus descubrimientos. Y el resto es un mapa abierto a la aventura: la naturaleza y la ciudad, los seres reales y los imaginarios, los libros y las actividades físicas… Hilda no renuncia a nada y cualquier lector con esa misma disposición es bienvenido a acompañarla.

Cualquiera, claro, que no tenga prejuicios sobre si un cómic es literatura, o es arte, o es lectura; si los grandes temas son para niños, si la literatura infantil puede interesar a los adultos, si fomentar la autonomía es bueno para las niñas, si los humanos tienen el pelo azul, si los trols existen, si hay mundos paralelos y galaxias habitadas, si se puede citar a Miguel Hernández para hablar de cosas como éstas…

[1] Miguel Hernández. Cancionero y romancero de ausencias.

asi es la vida del aventurero

 


SOFÍA VIAJA A LA ANTÁRTIDA

Sofía viaja a la Antártida

Alison Lester

Ediciones Ekaré

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“Nadie vive toda su vida en la Antártica. Los científicos e investigadores se quedan un tiempo para estudiar el hielo, los animales, las plantas (musgos, líquenes), el sol, las estrellas, los planetas, el clima, las rocas, el océano y los fósiles”.

Así comienza el diario de Sofía, con esta anotación sobre el mapa del mundo que muestra su viaje a la estación Mawson.

Casi parece un viaje a otro planeta. Una aventura donde los investigadores son los protagonistas y se han pactado reglas de protección de este gigantesco laboratorio natural. Los ojos de una niña son el camino perfecto hacia ese mundo helado que apenas podemos imaginar.

A menudo cuando acompañamos a los niños y niñas a las bibliotecas, muestran un gran interés por los libros informativos. Buscan aquellos que tratan sus temas favoritos y no les importa que sean aparentemente más complejos de lo recomendado para su edad: su curiosidad es la que selecciona el libro que necesitan, no la programación.

Por desgracia, es habitual que esos documentos no estén ni siquiera disponibles para el préstamo. Que no se consideren lecturas en sentido estricto, y menos aún cuando van acompañadas de imágenes.

Desanimamos a los niños a investigar. Y más aún, debo decirlo, a las niñas.

Este libro hace todo lo contrario. Su autora, Alison Lester, reúne materiales muy variados, dialoga con niños de todo el mundo para seleccionarlos y componerlos, y finalmente les da vida a través de la voz de Sofía, una niña de 9 años que acompaña a su padre en un viaje de trabajo a la Antártida. Todo es creíble e interesante, pertinente y bien organizado; con menos héroes y más equipos; menos leyenda y más “labores de mantenimiento”. Una aventura cotidiana en la que todos y todas tenemos cabida.

¿Y tú? ¿Te animas?

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SAM Y LEO CAVAN UN HOYO

Sam y Leo cavan un hoyo

Mac Barnett y Jon Klassen

Juventud, 2014

Sam y Leo cavan un hoyo

 

Un personaje muy despierto y dos amigos perseverantes: podría ser el equipo perfecto para un gran descubrimiento. Pero como dicen en mi pueblo: “El que no sabe lo que busca, no entiende lo que encuentra”.

¿Qué buscan, realmente, Sam y Leo? Algo espectacular, dice el texto. Y las imágenes muestran grandes diamantes ocultos en esa tierra que ellos cavan diligentes. Una y otra vez, los protagonistas toman decisiones que los alejan de los tesoros. El perro que los acompaña, junto con el lector, sabe que están a punto de alcanzarlos en el momento en que se desvían.

“Es muy frustrante” –dice una niña. “Es divertido” –comenta sonriendo otra, de menor edad. “Es como la vida misma” –piensa el adulto que las acompaña.

 

En los buenos álbumes ilustrados suelen encerrarse, de forma sencilla, grandes mensajes. La clave está en la forma en que los autores nos guían hacia ellos como una experiencia de búsqueda y no como algo resuelto de antemano.

¿Qué vamos a salir a buscar nosotros en el 2015? ¿Qué juzgamos espectacular, valioso o digno de horas y horas de persistente trabajo? Cada uno tendrá que trazar su propio mapa del tesoro, pero en lo que concierne a nuestras Rutas sigue siendo espectacular la forma en que los niños y niñas interpretan las lecturas y construyen con ellas estructuras de aprendizaje más flexibles y cercanas a la realidad. Sigue siendo muy valioso. Y un año más, en eso estamos.

¡Nos vemos  en el camino!

sam-leo-hoyo

 

 


LA VUELTA AL AÑO EN 52 LIBROS

Hoy estrenamos el 2015: 365 días llenos de sorpresas y también, sin duda, de lecturas compartidas.

En la pared de nuestro taller hemos extendido el maravilloso calendario que podéis ver en la cabecera, un mapa del año creado por Pixelbox. Sabemos que muchas de sus marcas serán de títulos que nos cuestionan, nos gustan, nos transforman y hemos decidido contároslas aquí, en el blog, a ritmo de semana. Para seguir viajando juntos. Para ampliar nuestras rutas. Para que los lunes tengan su pequeña dosis de ilusión.

Os dejamos una imagen de pista para nuestra primera recomendación. Con ella van los mejores deseos para el Año Nuevo: que esté lleno de tesoros, sí; pero sobre todo de buena compañía y esperanza para salir a buscarlos.

¡Bienvenidos al 2015!

sam-leo-hoyo


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