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La jardinera. Sarah Stewart. Ed. Ekaré.

LA JARDINERA

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Queridos lectores:

Me siento a escribiros bajo esas nubes, ya de otoño, que prometen agua a los campos. Estuve con vosotros, grandes y pequeños, en las I JORNADAS DE RUTAS DE LECTURA y hablamos de emociones. No, no de aquellas que viven disecadas en un catálogo escolar, sino de las que nacen de forma espontánea al compartir una historia, al dejar que sus páginas nos lleven a nuestra propia vida y a las cosas que nos importan.

Hubo risas, canciones, muchos ojos atentos y también sorprendidos. Hubo cuentos de antaño, lecturas de siempre y para siempre. Y entre todas ellas, hubo un lazo que quiero compartir aquí, en esta carta, como hago a veces con mis amigos: un regalo de palabras bajo la protección de un sello.

Hace unos años, La jardinera era para mí un libro pequeño y agradable que solía olvidar en la estantería cuando salía a la calle con mi carrito de biblioteca. Me gustaba la narración en género epistolar, la protagonista tranquila y paciente, el valor cotidiano que permite a los niños sobrevivir a las grandes crisis sin renunciar al futuro… pero me faltaba algo. En realidad, me faltaban muchas cosas, conexiones que me trajo el tiempo cuando, igual que la pequeña Lydia Gracia, ejercí el arte de sembrar y cuidar lo sembrado.

Llegó el tiempo de Rutas. Años de trazar itinerarios de lectura, de libros que conducen a otros libros, se plasmaron en este proyecto. En él coincidimos con personas de muy distintas edades y profesiones, para quienes el álbum ilustrado era especial. Y una de ellas me dijo: “Es uno de los pocos libros que no puedo leer sin una lágrima”. Y entonces me llegó, por fin, en su formato original. No aquel de tapa blanda y reducido tamaño que yo conocía. Ahora podía sumergirme en sus ilustraciones como si fueran escenas de una película; leía las cartas en medio de esas ilustraciones, como pausadas postales; me iba llenando de luz a través del viaje.

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El libro me eligió; pero el amor aún estaba por llegar.

Un día saqué de la biblioteca pública una novela gráfica dramática y autobiográfica: Stitches. A lo largo de sus viñetas en blanco y negro, de fuertes claroscuros y líneas angulosas, asistí a una infancia marcada por el desamor y la enfermedad. Sufrí por un niño que no encuentra su lugar en el mundo, pues los brazos de su madre, que deberían ser su primer refugio, jamás lo acogen. En las últimas páginas huí con él de aquel entorno desgraciado.

Sólo en los agradecimientos finales -ese texto que nadie lee, que es casi una dedicatoria personal- llegué a la total reparación: la vida continúa más allá de esa “a medias ficción” y el autor se encuentra a sí mismo en una relación cómplice y libre al mismo tiempo, la que establece con su mujer, Sarah Stewart. El nombre resuena en mi interior. El volumen que tengo entre mis manos es una obra de David Small. Por fin cada trazo, cada profundo significado de La jardinera, llega verdaderamente hasta mí.

Unos puntos suspensivos representan un silencio en medio de las cartas. En ésta anticipan el final, pero también el espacio para un continuará. Al contar esta experiencia de lectura en las Jornadas he revivido mis emociones y he invitado a otros a comprenderlas.

La tarde se escapa. Lanzo mi mensaje al abismo de los buzones, aunque sean digitales. Queridos lectores: qué riesgo delicioso, escribir esas palabras.

Felices cuentos. Felices encuentros.

Con cariño os escribe:

Beatriz

 


SOFÍA VIAJA A LA ANTÁRTIDA

Sofía viaja a la Antártida

Alison Lester

Ediciones Ekaré

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“Nadie vive toda su vida en la Antártica. Los científicos e investigadores se quedan un tiempo para estudiar el hielo, los animales, las plantas (musgos, líquenes), el sol, las estrellas, los planetas, el clima, las rocas, el océano y los fósiles”.

Así comienza el diario de Sofía, con esta anotación sobre el mapa del mundo que muestra su viaje a la estación Mawson.

Casi parece un viaje a otro planeta. Una aventura donde los investigadores son los protagonistas y se han pactado reglas de protección de este gigantesco laboratorio natural. Los ojos de una niña son el camino perfecto hacia ese mundo helado que apenas podemos imaginar.

A menudo cuando acompañamos a los niños y niñas a las bibliotecas, muestran un gran interés por los libros informativos. Buscan aquellos que tratan sus temas favoritos y no les importa que sean aparentemente más complejos de lo recomendado para su edad: su curiosidad es la que selecciona el libro que necesitan, no la programación.

Por desgracia, es habitual que esos documentos no estén ni siquiera disponibles para el préstamo. Que no se consideren lecturas en sentido estricto, y menos aún cuando van acompañadas de imágenes.

Desanimamos a los niños a investigar. Y más aún, debo decirlo, a las niñas.

Este libro hace todo lo contrario. Su autora, Alison Lester, reúne materiales muy variados, dialoga con niños de todo el mundo para seleccionarlos y componerlos, y finalmente les da vida a través de la voz de Sofía, una niña de 9 años que acompaña a su padre en un viaje de trabajo a la Antártida. Todo es creíble e interesante, pertinente y bien organizado; con menos héroes y más equipos; menos leyenda y más “labores de mantenimiento”. Una aventura cotidiana en la que todos y todas tenemos cabida.

¿Y tú? ¿Te animas?

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CASA

Sea verano o invierno, tiempo de vacación o de trabajo, hay un viaje que se repite en nuestro día a día: salir de casa y volver a ella.

El Pequeño Rey lo convierte en una aventura y para ello se rodea de una curiosa pandilla, que lo mismo puede actuar como orquesta que como ejército o cuadrilla de cocineros. Lo cotidiano es juego y el juego, la empresa más importante del niño.

Nuestro mapa de hoy comienza, pues, en casa. Tenemos un precioso juego de sellos creados por Yellow Owl Workshop que nos permiten ponernos directamente manos a la obra… ¿Tú no tienes sellos? El propio YOW nos explica cómo se hacen en este fantástico vídeo:

http://blog.yellowowlworkshop.com/2013/03/27/carve-a-stamp/

Así queda el que hemos recortado con un pedazo de goma de borrar. Y la versión para niños, fácil y sin peligro, te la explicamos en nuestra siguiente entrada.

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No dejes de leer los libros de Pequeño Rey para que se te vayan ocurriendo las ideas más divertidas.

El Pequeño Rey, Maestro Repostero. Javier Sáez Castán. Ekaré. (RUTA 8: La comunicación a través del personaje)

 

El Pequeño Rey, maestro repostero. Javier Sáez Castán. Ed. Ekaré.


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